lunes, 15 de octubre de 2012

Mi Dulce Descenso


Ya tengo treinta años, y con ellos llegaron mis primeras arrugas, mi seguridad, mi mirada adulta, mi miedo a la vejez, a la soledad y todas esas cosas serias a las que de más jovencita veía tan lejanas enfrentarme. El toro no viene, está aquí, sentado conmigo, celebrando mi vida, mi libertad de pensamiento, la magia de mi espontaneidad.

 He aquí una mujer independiente con un trabajo y un hogar que al mirar atrás y ver que nadie le regaló nada levanta la mirada con la firmeza de un gladiador. Mis papis no me compraron un coche, ni me pagaron el carnet de conducir, si en alguna ocasión no pudiera hacer frente a mis gastos...¡Pero qué digo! Un gladiador no puede decir que no puede, o mejor dicho, no puede no poder. Eso es realmente una persona independiente, que tu plan B siga dependiendo de ti mismo.

Creo que los treinta es esa edad que te define, en la que estás a tiempo de enmendar los errores de los veinte o acentuarlos pagando con consecuencias irreversibles. Es esa edad en la que sigues conservando tu belleza y pisas firme, viendo la vida desde la cima de la montaña, siendo protagonista, llenando de luz cada estancia, acaparando la atención, brillando a cada segundo.

Sin embargo, sé que hay un rinconcito dentro de mí que me inquieta. Sé que este rostro que me abre puertas irá desvaneciéndose hasta hacerse invisible y justo antes de lamentarme, mientras baje esa montaña que una vez me hizo sentir poderosa, sonreiré descubriendo que lo hice bien.

Durante todos estos años estuve llenando mi corazón de humanidad y mi cerebro de conocimiento. Mi maleta no estará, mi mochila no pesa, y así, con esa capacidad de llenar los pulmones de aire limpio que solo tienen las personas a las que ninguna carga remite su paso, me daré gracias a mí misma por mi dulce descenso.

domingo, 14 de octubre de 2012

Invítame A Un Café


Llamadas telefónicas, emails, mensajes, conversaciones por facebook, fotos, menciones, whatsapp, twitter…No sé cómo hacer para ser cortés con tanta gente. Cada día me siento más estresada y no solo por mí, sino por los demás también.

¿Es sano que quede a cenar con una amiga y se pase toda la velada hablando por teléfono? ¿De verdad tiene prioridad la comunicación por whatsapp sobre la persona que tienes enfrente? ¿He perdido el derecho a contestar un mensaje en el momento que yo crea oportuno?

Son preguntas que lanzo al aire desde la autocrítica. Yo también caí en esas redes que tanto me facilitan el camino en algunos momentos, pero que me roban calidad de vida y ocasiones de crecer en la mayoría de los casos.

A veces le presto más atención a las personas por móvil que cuando estoy con ellas y darme cuenta de esto me ha llevado a pensar que no estoy enganchada a comunicarme, sino a mirar una pantalla. Calles vacías, gente sin rostro, sin voz, solo teclas, letras y emoticonos que quieren robarnos la sonrisa.

¿Quieres saber como estoy? Invítame a un café, pero sin hacerme fotos para que los demás vean cómo estoy, y así a lo mejor, si no saben tanto, se animen a tomar un café conmigo, y nos demos cuenta de que no fue una ilusión, que tomemos consciencia de nuestra existencia. Quiero saber que sois de carne y hueso, que riáis conmigo, que lloréis conmigo, y así quizá esté lo suficientemente cerca para daros un abrazo, y con él quizá alcance a sentir el latir de un corazón, la agitación del pecho en un suspiro, que vuestras lágrimas mojen mis mejillas, y solo así, sabré que no era una farsa y me sienta dichosa de saber que hay vida.

Template by:

Free Blog Templates