viernes, 6 de diciembre de 2013

No Tengas Crew, Ten Amigos

Todavía recuerdo cuánto me costó descifrar aquellas palabras clave que repetían incesantemente en las cintas de cassette que conseguí cuando la cultura hiphop aún me era ajena.

Por aquél entonces nadie que yo conociera tenía internet, por eso palabras como por ejemplo "crew" las descubrí más por intuición que otra cosa. Casi veinte años han pasado desde aquella encrucijada de términos y hoy me ha apetecido jugar a ver qué pasaría si hoy volviera a empezar con los medios actuales. He buscado la palabra "crew" ( también conocida como posse o gang) y ciertamente era lo que yo me esperaba: Grupo de personas que desarrollan una actividad en común en un ámbito de libertad de expresión y se dan trato de hermandad…Patatín, patatán…

La verdad, leído así, suena bien, sin embargo mucho me temo que nadie está más lejos de ser libre que alguien que pertenece a una "crew". De hecho, si observamos detenidamente las pautas de comportamiento de un integrante de una "crew" nos sorprendería descubrir que tiene más semejanzas nacionalistas que de hermandad y veréis claramente, si sois libres, que no exagero en absoluto.

Hablamos de personas que necesitan ponerle nombre a una amistad, buscar un escudo, símbolo que venerar y publicitar. Reclutan personas afines o susceptibles de serlo por admiración, soledad o simplemente por la ilusión de sentir que pertenecen a algo. Los reclutas, que se sienten privilegiados de estar en contacto con gente antes inaccesible, pronto entrarán en el juego de la burla hacia lo diferente, heredarán enemigos y sufrirán sin ni siquiera darse cuenta la lacra del prejuicio.

Una "crew" establece límites, fronteras, estás dentro o estás fuera. Te resultará difícil mantenerte en un mundo de egos tan complicado en el que tus amigos amen más el símbolo que lo que representa, un mundo en el que prohíben sin prohibir, hay normas que no están escritas, todo está en el aire. Y de repente, te verás envuelto en una atmósfera jerárquica de perdedores que luchan por un poder que no existe, porque las personas que realmente tienen talento no necesitan respaldo, ni aprobación, ni mochilas. 

Una vez más triunfa la personalidad, el atreverse, rebelarse. Las personas poderosas no necesitan a nadie y los verdaderos amigos no necesitan un logotipo ni publicitar su amistad, en todo caso complicidad, comprensión y compañía desinteresada. Por eso, si quieres disfrutar de una mente sana y desenmascarar utopías, libérate de etiquetas y toma este consejo si lo quieres: No tengas "crew", ten amigos


martes, 9 de julio de 2013

¡No Te Dejes!

Nos dijeron que nuestro color era el rosa, nos vendieron el cuento de la frágil princesa prisionera en un torreón que aguardaba a que su hombre viniera a salvarla, y veinte años después ves como ese hombre intenta reproducir esa historia convencido de que es lo que hemos estado esperando toda la vida.

Desde mi soltería, apoyándome bien en experiencias pasadas o simplemente observando a otras parejas, he podido localizar al príncipe del cuento del siglo XXI, nuestro carismático y verborreico maltratador sutil, al que he decidido llamarle: EL NOVIO TUTOR

El novio tutor, bajo la excusa de que lo hace por tu bien, se impondrá como profesor sin que tú se lo pidas y te mostrará continuamente cómo debe comportarse una señorita. Para ello, no supondrá obstáculo alguno reprenderte en público y por si acaso se te ocurre sublevarte recurrirá al clásico por antonomasia del maltratador sutil: Hablar con desprecio de tus opiniones o decisiones como si tú estuvieras loca, llegando en muchas ocasiones a convencerte y convirtiéndote a corto y largo plazo en una persona insegura y dependiente. ¿Dependiente de quien? De él, ser divino que toma siempre la decisión correcta.
¿Qué cómo sabe él que siempre tiene la razón? Porque es un macho de raza blanca entre veinticinco y sesenta años y sus amigotes y el resto de la sociedad cobarde y sin personalidad no quiere enfrentarse a él, optan por darle palmaditas en la espalda, restándole importancia a su prepotente y cruel actitud y para que ello no destruya sus conciencias, si es que las tienen, fabricarán alguna estratagema mental para sobrevivir sin sentirse malas personas.

Amiga, no tienes que vestir de rosa, tampoco estás loca, ni tienes que mantener la compostura y agachar la cabeza para que él no se enfade. Lucha por ti, por tu intuición, por tu moral, por tu libertad, por todo lo que luchamos las mujeres día tras día para que se nos respete, y cuando un señor sabelotodo, sea tu pareja o cualquier otro macho respaldado por la manada se manifieste de nuevo con sus razonamientos de maestro liendre: NO TE DEJES


lunes, 27 de mayo de 2013

El Hombre del Noveno G

Serían las siete de la tarde cuando volviendo de un concierto local decidí hacer una parada en casa de mi amiga Candela. El inhóspito y silencioso portal de aquél edificio antiguo y sus interminables pasillos jamás se me antojaron como hogar y mucho menos después de lo acontecido aquél escalofriante domingo.

Ni un inofensivo rayo de luna se atrevió a penetrar entre las ranuras de aquellas persianas viejas. Saludé a mis amigas, más por intuición que por lo poco que me ofrecían aquellas siluetas en penumbra. Me acerqué con cautela y ahora sí pude ver el brillo de sus ojos abiertos como platos y clavados al televisor. Estaban viendo una película de miedo ignorantes de que aquél instante sólo era el prólogo de lo que se nos venía.

Esperé en silencio, ajena a un terror que invadía la estancia, pero pronto esa atmósfera de suspense se apoderó de mí y me impregnó de inquietud. Jugueteé con Vira, una simpática cachorra bretón, no sé si para disimular mi malestar o por si al fingir normalidad me pudiera deshacer de aquella sensación.

Repentinamente, la ficción se volvió realidad, frenéticos golpes al suelo se escucharon desde el piso de arriba, era el hombre del noveno G. No se supo que fue lo que le incomodó, aunque aquella reacción desmesurada, impropia de una persona en su sano juicio, nos llevó a pensar que más que de una queja se trataba de una trifulca familiar.

Acabó la película, olvidamos aquello durante un rato y salimos a tomar algo. Al volver, alguien había puesto pegamento en la cerradura. Candela se puso nerviosa, me propuso subir a hablar con el hombre del noveno G y a pesar de que aquella idea no me parecía ni productiva, ni segura no me negué a ello, no quería que mi amiga pensara que no estaba respaldada ante problemas, sin embargo, estaba convencida de que había sido él el autor de la fechoría. Me ofrecí como negociadora intentando autoconvencerme de que la misma persona que hacía un par de horas se comunicaba mediante desorbitados golpes iba a rendirse ante mi oratoria y a darnos las buenas noches.

Subí los escalones con el desánimo del que va al paredón, y al llegar al quicio de la puerta no dejé pasar ni un segundo hasta tocar al timbre, como para contagiar una tranquilidad que nunca estuvo. Escuchamos pasos, pasos rápidos, pasos que pisaban con la violencia del que nada teme. Escuché mi corazón, después el de mis amigas, ya estaba cerca. Ese hombre no quería abrir la puerta, quería arrancarla de cuajo, y aunque las bisagras no cedieron en su labor, con el impulso estampó el pomo desconchando parte de la pintura de aquella pared de gotelé y por fin vi a aquél hombre.

Tenía el torso al descubierto, el contraste entre el negro de su pelo y el rojo intenso de su piel le daba un aspecto casi diabólico, era obvia la gran ingesta de alcohol a la que se había sometido. Se tambaleó, a pesar de que el ángulo en su rostro le orientaba claramente hacia mí, sus pupilas apuntaban al infinito. Respiraba deprisa, con la ansiedad enfebrecida del que está a punto de hacer algo horrible, y a decir verdad,  a escasos centímetros de su domicilio nada le impedía arrojarme hacia aquél foso con un simple tirón de brazo. Las rodillas me temblaron, en décimas de segundo imaginé las más siniestras circunstancias y cuánto dolor cabría en esa cueva macabra. Justo antes de oírle gritar mi cuerpo retrocedió sin que yo se lo ordenara, se me durmieron las articulaciones. Hipnotizada por el pánico solo fui capaz de abrir la boca y decir entre dientes: “Vámonos”

De lo que aquél hombre gritó ni supe ni quise saber. Volví a mi casa estremecida, me tumbé en la cama colocando las mantas a modo de escudo, ni siquiera la intimidad de mi dormitorio me hizo sentir a salvo. Intenté conciliar el sueño sin éxito, miraba el móvil continuamente buscando de nuevo la normalidad, pero era inútil y yo sabía perfectamente lo que ocurría. Una imagen se imponía en mi mente de manera inexorable, eran aquellos ojos, aquella mirada enfermiza del hombre del noveno G.

jueves, 16 de mayo de 2013

Celia Acaba de Nacer


Había llegado febrero, Celia recién estrenaba sus quince años y con ellos se materializaba la promesa de su madre de dejarla salir sola con sus amigas por primera vez. Reinaba el silencio tan solo interrumpido por el traqueteo del enérgico paso de páginas con el que Celia devoraba el catálogo de disfraces, aunque si finalmente no le llegaba a su madre el dinero para un modelo de los grandes almacenes, ella misma, que no era niña caprichosa, compraría las telas y su abuela, docta en tareas textiles, le haría un disfraz mucho mejor.

Celia no es que fuera especialmente presumida, ella jamás se sintió guapa. En el colegio su madre nunca se preocupó de hacerle lindos peinados infantiles con orquillas de colores como veía a sus compañeras, jamás paseó los clásicos zapatitos de charol que asomaban calcetines con puntilla, ella llevaba chándal y coleta que combinaba según el día con diadema.

Vestía sencilla, lo justo para cubrir su cuerpo. Avergonzada de no gozar de la belleza de sus amigas procuraba no llamar la atención, no solía hacer comentarios por miedo a que no fueran los correctos. Sabía que su frágil autoestima no soportaría una burla, que lo que para los demás eran nimios detalles, para ella eran gigantes capaces de aplastarla con el extremo de una uña y confinarla a un pozo de oscuridad sin retorno.

 No, no soportaría un desdén, ella no era tan fuerte. Prefería no arriesgar, sonreír y vivir a la sombra de los valientes, a ella le gustaba sentirse acompañada aunque fuera en calidad de espectadora, eso era mucho mejor que vivir aislada.

Se acercaba el carnaval, celebración que le fascinaba. Sus amigas en esos días la notaban nerviosa, extremadamente eufórica, además era la primera vez que salía sin estar bajo la vigilancia de su madre. Tal y como era de prever, y viniendo de familia humilde, al final fue su abuela Fina la que le fabricó el traje para su gran día. Se lo probó y pasó toda la tarde mirándose en el espejo con él, peinándose de mil maneras distintas, se subía las mangas, se las bajaba, cambió varias veces de pendientes, de collar, de zapatos...Más tarde bajó a la tienda a comprar algún lazo que le faltaba y algo de confeti y serpentina que siempre ayuda a animar una fiesta.

Una vez ya en el desfile, sus amigas empezaron a preocuparse, era sabido de sobra que una de las mayores virtudes de Celia era la puntualidad, máxime sabiendo lo ilusionada que estaba, y ya habían pasado casi veinte minutos. A su lado, y desde hacía un rato, había una chica envuelta es un disfraz maravillosamente confeccionado y original que no paraba de mirarlas y finalmente estalló en carcajadas: Chicas no busquéis más, soy yo...-¿Celia?...Si, soy yo, pero no perdamos más tiempo y unámonos a la fiesta. ¡Hoy va a ser un gran día!

Nadie se lo explicaba, pero aquella chica dulce y huidiza aquél día de carnaval se convirtió en un torrente de seguridad, reía, bailaba, gritaba y estaba tan divertida que todos la seguían a donde fuera, como si ella fuera el director de una orquesta y el resto de los allí congregados al festejo sus músicos, reproduciendo los más bellos sonidos al ritmo que ella marcaba.

Aquella chica enloquecida hipnotizaba con su desparpajo, la precisión y ocurrencia en sus comentarios se ganó tanto la confianza y simpatía de desconocidos como la perplejidad de su grupo de amigas que lejos de sentir envidia, se alegraron de que por fin soltara las riendas a ese corcel salvaje y noble que escondía entre sonrisas ladinas, parecía que acabara de nacer.

Al volver a casa, una de sus amigas le preguntó:
-Celia...¿por qué te gusta tanto el carnaval?
-Muy fácil, el día de carnaval nadie tiene miedo a hacer el ridículo porque todo el mundo lo hace, no te juzgan por si llevas ropa de tal o cual marca, todos se ríen de todos. No hay guapos ni feos, ni ricos ni pobres. Hoy he sido inmensamente feliz. Todos los días deberían ser carnaval.


viernes, 10 de mayo de 2013

Te voy a Poner en tu Sitio


Acabo de leer el discurso de una niñata arremetiendo contra las mujeres que llevan escote y falda corta, y no contenta con eso, sentencia a las que se acuestan con un chico la primera noche. Como es de esperar, se me encienden las alarmas feministas, y por supuesto te voy a poner en tu sitio.

Primer punto: Tus palabras son más propias de la santa inquisición que de una persona del siglo XXI y viniendo de boca de una mujer me parecen de película de terror

Segundo punto: Te aseguro que si yo tuviera el maravilloso cuerpo que tienen algunas me estaría planteando incluso ir en pelotas. Qué mala es la envidia.

Tercer punto: Has visto muchas películas americanas...El chico le abre la puerta del descapotable, la acompaña a la entrada y le da un beso de tornillo.¡Qué aburrimiento! Lo que nunca nos cuentan en la peli es hacia donde se dirige el chico cuando se marcha engominado con las pulsaciones por las nubes.

Y por último: Si quieres ser feliz en la vida es hora de que dejes de demonizar el cuerpo humano y las relaciones interpersonales y de que tires a la basura ese absurdo calendario de la dignidad que parece ser que te da la hora exacta para acostarte con alguien. Libera tu mente, disfruta de tu cuerpo antes de que se pudra y deja que los demás se apañen.

Bonito tatuaje el que lleva una de mis mejores amigas en la espalda que dice: HAZ LO QUE PUEDAS, CON LO QUE TENGAS, DONDE ESTÉS

jueves, 9 de mayo de 2013

Gracias por Sonreír


Las adversidades del día a día, los recuerdos que nos atormentan, el miedo a lo que pasará, los complejos, las frustraciones, el enfado, el reclamo de una justicia que nunca llega, la angustia de la necesidad, la dignidad olvidada, el sometimiento imperativo, el alivio de las migajas, la impiedad, la desesperanza...

Y estando yo a 180 grados entregada a las llamas del mundo, miré hacia arriba y vi llover agua fresca que me devolvía a la vida, lluvia salada que curó mis heridas, convirtió la superficie en humo apaciguador que me aislaba de lo malo y me cegaba, y ese agua fresca era su sonrisa.

Incalculable es la admiración que siento hacia los que ríen en la tristeza y nos hacen sonreír. Gracias a esos malabaristas de la emoción que hacen filosofía de la comicidad. Esas personas que en las peores situaciones son capaces de dibujar nuevos pliegues en nuestra piel, titiriteros de la comisura, porque ellos son la verdadera medicina frente a tanto desconsuelo.

Pongan fin al drama, ríanse de sus problemas y de sí mismos. Retiren de sus cajones esas montañas de absurdos fármacos que acumulamos casi por vicio y pongan en su vida alguien que les haga sonreír


Dedicado a Victoria Blasco, porque desde que te conocí ni un solo día falló tu sonrisa, toda mi admiración

jueves, 2 de mayo de 2013

Ahora Sí Puedo Verlo


Si él no existiera yo no estaría pasando frío en una callejuela del extrarradio de Barcelona a 600 kilómetros de mi casa. No hubiera tenido que cenar esas estúpidas hamburguesas congeladas aliñadas con ketchup, ni estaría repasando renglones mentalmente intranquila por la intriga de saber si algo fallará, esforzándome por mantenerme ajena del ocio que me rodea y prudente ante ese frágil hilo que conecta mi necesario aislamiento de los que en cuestión de minutos serán mis clientes, ese frágil hilo que requiere de la amabilidad que el público merece y que tanto cuesta cuando te encuentras en el espacio imaginario entre lo profesional y lo social, ese momento en el que todo el mundo te dice que tienes la mirada perdida.

Y en medio de esta maraña de sensaciones incómodas sé que nada de esto hubiera pasado si él no existiera. Porque si él no existiera, Carlos y Jhul habrían cenado hace rato, nadie tendría prisa, porque él nos convirtió en personas ocupadas y preocupadas, porque sin él Giorgio no estaría a 1500 kilómetros de su residencia actual, ni ninguno de nosotros estaría regateando con el dueño de una discoteca a las cuatro de la mañana cual bazar iraní.

La realidad es que él existe y ahora mismo se me vienen a la cabeza frases de tipo: “Yo amo el hiphop” Sin embargo, después de tantos años...¿Por qué amar algo que no puedes tocar, algo que no se ve? Y luego recordé, sin duda adoro todo aquello: las prisas, las hamburguesas congeladas, los viajes, el esfuerzo, la ilusión en vuestra mirada...Un momento! Y de repente detuve el tiempo y congelé la secuencia en mi memoria...Ahora sí puedo verlo, el hiphop estaba en vuestra mirada.

martes, 23 de abril de 2013

No Estoy Sola


Cuando abro los ojos y camino torpe hasta la ventana invito al sol a que pase y sé que no estoy sola. Él se impone en cada estancia, me calienta sin permiso, entonces busco el cristal y mientras el chirrido de las ruedecillas se funde con cantos de pájaro un mundo despierta y vuelvo a no sentirme sola.

Protones, neutrones, dióxidos, nitrógenos y otros polizones que se invitan a mi hogar me inundan de vida, activan mis emociones, y entonces recuerdo historias que pasaron o que ojalá pasaran, imagino galaxias, retrato escenas de universos paralelos, propongo la ocasión y sus magias exigiendo la justicia que solo existe en una mente libre.

No, no estoy sola, entonces llegan las letras, palabras, frases...y se sientan a mi lado, me arropan, ellas me sienten más que yo misma, y si algún dolor llegara crearía combinaciones, y me volvería pluma, y al expulsar la tinta el dolor se arrancaría de mí para manchar el papel, y así fue cómo aprendí a guardar el dolor en cajones.

No, no estoy sola, estoy con la ilusión de todo lo que puedo hacer, con la inquietud de querer saber, estoy con personas que también guardaron su dolor en un libro, los imagino diminutos, sentados en los renglones del prólogo cediéndome las llaves a otros mundos llenos de palabras hermosas.

Estoy con la paz que el silencio me brinda y que tantos añoran, estoy llena de mí, todopoderosa. Por eso, cuando estoy con gente, no es porque haya dejado de estar sola, es que le he dado una oportunidad a otra forma de sentirme acompañada.

miércoles, 10 de abril de 2013

Me Gustan los Barrios


Me gustan los barrios, barrios de edificios pequeños,
bares familiares, comercios antiguos,
 portales concurridos, bicicletas, cochecitos de bebé,
confianza, cuchicheo,
escalones gastados, buzones ajados,
abiertos, cerrados...

Me gustan los barrios, la gente que grita, que siente,
que ayuda, sus miradas desnudas,
Me gustan los patios, tendederos,
la ropa comprada con poco dinero,
Y sus cordeles, bragas, sostenes,
ver que no tienen más de lo que tú tienes

Me gustan sus calles, la música alta,
madres cargando alimentos sin marca,
Me gusta el silencio del domingo en la tarde,
el asfalto es mi casa todavía,
y en cualquier vía me siento amable

Paredes manchadas que cuentan historias,
huellas de vida, realidades,
me gusta apoyarme en su madera herida,
antes barandilla, gracias por esperarme

martes, 9 de abril de 2013

¿Y Qué Pasa con los Guapos Tontos?


Todos tenemos muy presente el estereotipo de rubia guapa con la sesera vacía que ya empezaron vendiéndonos con la figura de Marilyn Monroe  en sus películas. No digo que este tipo de mujeres no exista, de hecho, la estupidez humana ha sido heredada de generación en generación culminando su perfección en el siglo XXI, cuando las jóvenes se dieron cuenta de que con un poco de silicona podían llegar a ser camareras de un bar de “chonis” o incluso participar en un reality show. Pero mi pregunta es...¿Y qué pasa con los guapos tontos?

¿Qué hacen los guapos tontos cuando no están en el gimnasio o luciendo palmito en la discoteca? Quizá depilarse el pecho o las piernas pero...¿Y luego? Sé que no ven películas ni escuchan música, dato que ratifiqué en recientes entrevistas camufladas de flirteo que por supuesto quedaron en anécdota. Y otra pregunta que me invade es: Dado que las mujeres con una cultura media que invita a la conversación somos bastante intolerantes con este tipo de especímenes...¿Con quien ligan? ¿Con otras guapas tontas? Y si tienen sexo con ellas luego...¿Qué hacen? ¿Se miran al espejo juntos? ¿Se peinarán entre ellos? Y cuando terminan...¿Qué hacen? ¿Estarán en modo suspensión como los ordenadores contando el tiempo restante hasta que abran la discoteca? ¿Descansarán en incubadoras de rejuvenecimiento que les aíslen de la cultura? A lo mejor los secuestran y los meten en una sala con palillos en los ojos como en “La Naranja Mecánica” pero con imágenes de telecinco.

Y abarco este tema porque creo que es un sector de la población muy perjudicado al que no le damos la paga social que se merece por la crisis que atraviesa el país, y sé que creéis que estoy exagerando, pero están entre nosotros y son muchos. Quizá sean extraterrestres que vienen a adueñarse de nuestro planeta.

Yo por si acaso, sigo haciendo esfuerzos cuando me veo rodeada de ellos, obligada a sonreír mientras emiten esos sonidos que emulan al castellano con conceptos arbitrarios, totalmente inconexos, que tanto hieren mi vergüenza ajena. Es fascinante esa incapacidad que tienen para descifrar en mi mirada que lo único que trato es ocultar esa voz interior que ahora viene acompañada de luces rojas intermitentes y está gritando: ¡¿En serio?!

martes, 26 de marzo de 2013

La Humildad Tiene Dos Caras


Si soy honesta conmigo misma debo reconocer que sí he tenido capítulos de prepotencia a lo largo de mi vida, por lo general íntimamente vinculados a sentimientos de inferioridad, fue un mecanismo de defensa que inventé y que protegió mi dignidad durante años. Esporádicamente recurro a él, aunque ya en la treintena puedo decir que casi exclusivamente en casos de emergencia. Como dije en uno de mis tweets “ Soy prepotente solo cuando lo necesito” y creo que ahora me vais a comprender.

No debemos olvidar que existen dos tipos de prepotencia: La de pura raza, digámosle, que corresponde a personas que creen categóricamente que son lo más y de ahí no los mueves y por otro lado, tenemos la prepotencia estratégica, esa que sacas de la nada para más tarde volverte a casa pensando: “No tenía que haber dicho eso”

Ahora que ya os he puesto en antecedentes, también sería justo decir que hoy por hoy no creo que siga siendo así, de hecho, es verdad que siento una especial responsabilidad como persona del mundo de la música de estar escrupulosamente atenta para que ninguna de las cosas que haga o diga sea interpretada como un desprecio, como cuando no recuerdo la cara de alguien y cree que no le saludo aposta porque me siento de otra clase social.

Si se acerca alguien a felicitarme por mi trabajo lo escucho, le saludo sin prisa y me intereso por lo que dice, no por protocolo, sino porque realmente aprendo y me emociona que alguien sienta lo que yo escribo con la misma intensidad que yo, su testimonio es gran parte de mi recompensa.

Otros admiradores los convertí en mis amigos, o colegas, o simplemente los apoyé en sus proyectos, o tuve un buen detalle cuando pude. La verdad es mucho más fácil así y la gente te valora más...¿O no?

¿Conocéis esa expresión que se emplea mucho en el amor de que lo fácil no atrae? ¿O cuando la gente no va a conciertos gratuitos? ¿O cuando compran el artículo de la marca más cara porque piensan que es el mejor? Bien, pues he podido constatar en varias ocasiones que esta conducta es totalmente aplicable en cualquier ámbito, incluso en los que aparentemente no tiene cabida ese factor psicológico del  tira y afloja.

Estoy hablando de gente que interpreta tu atención, cortesía o amabilidad como flaqueza y aprovechan la ocasión para ofrecerse como interesantes. Ellos necesitan a esa Syla distante, segura e inaccesible, se enamoraron del personaje y ahora yo no soy quien para venir a arrebatárselo.

¿Queréis inaccesibilidad? Tengo mucha...Y la próxima vez que vengáis a tomar café no os traigáis las maletas, que no se os vaya a olvidar que la casa es mía. La humildad tiene dos caras

martes, 12 de marzo de 2013

This is Spain


Llegué al juzgado de Alicante para declarar. Me recibieron, por decir algo, en un despacho regentado por la desidia, había papeles por todas partes ordenados caóticamente. Cuando di los buenos días ni siquiera levantaron la mirada. Pregunté por un tal Javi, cincuentón que en ese momento estaba jugando con el móvil y que no dejó de hacerlo al percatarse de mi presencia, cuya mesa carecía de silla para recibir al declarante, cosa que no pareció importarle.

A los diez minutos, vencida por el dolor lumbar propio de una mujer que lucha con unos tacones de 12 centímetros, cogí una silla vacía de otra parte de la sala a modo de self-service, con la misma cara que puse la primera vez que fui al Cien Montaditos..."Se ve que esto funciona así" Y dije en voz alta: "Bueno, me autoinvito a sentarme". Fue el único momento en el que llamé su atención.

Cuando Javi terminó sus jueguecitos con el móvil le entregué mi citación y le preguntó a sus compañeras que eso qué era. Nadie sabía nada, parecían científicos locos de la justicia que estaban allí por pasar las horas. Esperé callada, de fondo escuchaba declarar a una yonky que aseguraba con tono curiosamente coherente que su hija no iba al colegio porque tenía novio. Yo dejé de pensar que estaba en un juzgado de instrucción y me sentí parte de la pesadilla de Alicia en el País de las Maravillas, y ese señor que estaba frente a mí tenía todas las papeletas de representar al gato de rayas rosas que se dirigía a mí mientras se desperezaba, seguramente para él yo era esa niña rubia ingenua que le molestaba perturbando su paz .

Al rato, casi por casualidad, encontraron el papelito que les faltaba y Javi, sin abandonar sus despreciativos párpados entornados, claro indicio de que no me sentía digna de interactuación, me tomó declaración. Con las mismas me fui, diciendo gracias y adiós, no tanto porque lo merecieran, sino por ver si se les contagiaba educación con la que recibir a los siguientes declarantes.

Solo tengo una cosa que decir respecto a todo esto: “This is Spain”

lunes, 4 de marzo de 2013

Mi Padre se Llama Papá


Hace tanto tiempo de esto que no alcanzo a recordar cuándo se inauguró la costumbre, el caso es que él se iba a trabajar y yo aguardaba en la puerta su regreso, acurrucada en el suelo llorando, presa del pánico de su ausencia. Cuando él volvía a aparecer mi felicidad pasaba de cero a cien en lo que tardan unos labios en estirarse hasta formar la sonrisa.

Por supuesto, no estoy hablando de mi padre, estoy hablando de Papá, esa persona que adora mi presencia sobre todas las cosas, el de los juegos de papiroflexia, el que me dijo que El Lobo Feroz se iba a recoger en moto a Caperucita, el que no me decía no...me decía luego, el que llenó mi mente de mundos mágicos que despertaron en mí la sensibilidad que hoy agradecen mis líneas. Papá, mi mejor amigo en la infancia, mi enemigo de la adolescencia, mi protector en la madurez, el que llora mis lágrimas con más pena que yo, centinela de mis horas de enfermedad, mi incondicional.

La imagen de mi padre ha creado en mi mente una argolla gigante de hierro por la que otros corazones bailan para después caer, ninguno tan grande como para chocar o quedar atascado. Quizá esta sociedad tan sucia se ve incapaz de fabricar caballeros. A Papá no hay que pedirle nunca nada, él se levanta a las cuatro de la mañana a recorrer todas las farmacias de la ciudad si a mi madre le duele la cabeza, supongo que eso ya no se lleva..

Papá es grande, él me enseñó a preocuparme por los demás, a compartir y a perdonar. Luego se lamenta de no poder dejarme herencia...Lo mejor que te puede regalar un padre no se consigue con papeles estampados de obras arquitectónicas.

La verdad Papá, no puedo devolverte todos los favores que me has hecho, incluso te anuncio que voy a ser injusta contigo porque conforme te vayas haciendo mayor yo volveré a hacerme pequeña, y me acurrucaré en el suelo durante horas llorando descontroladamente, presa del pánico...hasta que se abra esa puerta y que con tu sonrisa me devuelvas la mía.



Para el hombre de mi vida:
Ginés Bueno Ortiz...más conocido por Papá

viernes, 15 de febrero de 2013

¿Dónde Está el Truco?


Siempre la misma incógnita a la hora de elegir un restaurante, al llegar a la avenida el primero que encontré estaba desorbitadamente abarrotado, era pequeño, tenía mal aspecto, el suelo estaba pegajoso y lleno de restos de comida y bolitas de servilletas de papel, el cristal del expositor de tapas estaba rayado y borroso, a penas se distinguía el contenido. Los camareros estresados no trataban muy bien a la clientela y el bullicio anulaba cualquier posibilidad de conversación.

Huí despavorida de aquél reino de desidia en busca de algo de oxígeno que me devolviera al mundo real. Me llamó la atención que justo enfrente, a escasos metros, había otro bar, pero este completamente vacío. Lo primero que me dijo mi amiga fue: “ Yo ahí no voy, por algo estará vacío” Yo que no soy amiga de vivir entre misterios entré sin pensarlo decidida a resolver donde estaba la supuesta trampa.

Nos recibió un joven con tono hospitalario y amable que nos acompañó hasta una mesa minuciosa y detalladamente provista. Aquella estancia diáfana olía como mil jardines e invitaba al deleite. Cenamos tranquilas aunque condicionadas por el suspense de lo inexplicable, como el que aprieta los puños durante una película de terror intuyendo el susto, aunque tal susto no llegó. Pagamos un precio razonable y devolviéndole la sonrisa al camarero salimos de aquél local y caminamos hacia casa.

Y vosotros os preguntaréis. ¿Dónde está el truco? Y ese es el problema, que penséis que hay un truco, que os conforméis viviendo en la inmundicia que otros os proponen y los sigáis como borregos. Muchos de vosotros jamás os definiríais como esclavos de la moda, pero la moda es todo: Elegir restaurante, acatar las propuestas del cabecilla del grupo, despreciar al malmirado, que no te guste alguien hasta que ese alguien es deseado por otro. Apelamos constantemente a ese instinto pueril incorregible que pesa tanto, que nos encadena a la ignorancia y contribuye a la injusticia

Por eso, si algún día te tiendo mi mano si tú no te preguntas: “Donde está el truco” yo prometo no pensar: “Por algo estará vacío"

jueves, 14 de febrero de 2013

¿Amor? Eso Era Antes


Os contaré algo que me ocurrió hace un par de años en una terraza de un café en el romántico casco antiguo de Alicante, y no es que pasara algo en cuestión, si alguien se detuviera a analizar la simpleza de lo acontecido podría acusarme de fantasiosa, yo misma me asombro de lo que da de sí una mirada escrutadora acompañada de una extrema susceptibilidad.

Se apagaba el día en la concurrida plaza de San Cristóbal, bajo la lona de una gran sombrilla blanca, en una mesita de madera, ingerían mis amigas alborotadas su habitual jugo de cebada. Yo llegué más tarde, no pude o no quise unirme a la conversación, me bastaba estar allí mirando al vacío y recibiendo sus parloteos como rumor de mar que me hacía sentir en familia.

A lo lejos presentí dos figuras humanas que se acercaban lentamente y no aparté la mirada hasta tenerlos más o menos a media distancia. Eran dos ancianos, seguro ya habían llegado a los noventa años. Él era delgado, llevaba pantalones de pinza y una boina, andaba con dificultad y sus temblores no eran disimulables. Ella, más gordita, vestía blusa y una falda gris a la altura de las rodillas que dejaba al descubierto el encaje de unas medias tupidas color chocolate, que a su vez tapaban sin éxito extrañas protuberancias en los tobillos, seguramente las causantes de su cojera.

Si alguien aparte de mí hubiera puesto la mirada sobre ellos durante un par de segundos lo primero que le hubiera llamado la atención es el hecho de que dos personas tan mayores se atrevieran a pasear solas en esas evidentes malas condiciones de salud. Para mí, eso pasó directamente a segundo plano cuando al bajar la mirada descubrí una imagen conmovedora: Estaban cogidos de la mano, sus dedos perfectamente entrelazados con la fuerza de un amor recién nacido. Él la ayudaba en sus pasos con gesto amable para no hacerla sentir torpe, ella respondía con mirada agradecida.

Allí estaban ellos dos, paseando su amor, orgullosos el uno del otro, compañeros de vida con una historia en común llena de luchas, caricias y casi un siglo de amaneceres. No hablaban porque  no lo necesitaban, guardaban ese silencio tan profundo que solo significa que ya lo tienes todo dicho.

Y allí pasaron la tarde mirando la plaza llenos de melancolía, dejando pasar el tiempo, aguardando a perderse el uno al otro o el otro al uno. Dos lágrimas recorrieron mi rostro y entonces supe que jamás había visto el amor tan de cerca.

jueves, 31 de enero de 2013

Ellos las Prefieren Tontas


Yo soy la bruja del siglo XXI, esa a la que arrojaríais a las llamas sin pestañear, esa que piensa, que alza la voz, que no teme, esa de enfrentamientos intelectuales, esa que se atreve, que toma las riendas.

Si estuviéramos en el 1400 os bastaría con acusarme de invocar al demonio para hacerme invisible. Las prácticas han cambiado, ahora solo tendréis que ridiculizar mis palabras o mis actos, poner caras raras ante mis alusiones feministas como si fuera un recurso en vez de mi identidad, o acusarme de alborotadora por denunciar vuestros actos, aunque la más común entre todas ellas es la de hacer el vacío.

Yo no quiero cantar en conciertos de mujeres que afirman en su formato el reconocimiento de una discriminación y fomentan esa exclusión que criticamos. Tampoco sería justo ni me atrevería a reclamar para hombres ni mujeres favoritismos de género, pero sí me consta que hay mujeres muy talentosas que no tienen el lugar que merecen ni en la historia pasada ni en la actualidad, que solo vienen a la memoria cuando pensáis en la segunda división, que no están presentes de manera constante y cada vez que les prestan atención tiene más pinta el acto en sí mismo de labor humanitaria que de una igualdad afincada en los hábitos sociales. Y yo me pregunto...¿Tienen miedo de algo?

Quizá sería más feliz preocupándome de estar guapa, no llevar mucho la contraria y afianzando mi simpatía en la comunidad con flirteos solapados que aunque jamás se materialicen ayudan a saciar ese reclamo primitivo del hombre de rodearse de mujeres atractivas, evocando la figura del macho español del que todos públicamente huyen, pero que habita ineludiblemente en el fuero interno de estos almacenistas de testosterona.

Sí, creo que eso es lo que les gusta, las chicas que aplauden, no las que son aplaudidas, las admiradoras, no las que son admiradas, las que lloran y esperan, no las que se rebelan y luchan.

Lo siento, pero yo no soy una sombra, voy a aporrear la puerta, perdón, voy a derribar la puerta, a deslumbraros, a agotaros, aunque cerréis los ojos, estaré ahí molestando, probablemente loca, ignorada y sola porque lamentablemente...ELLOS LAS PREFIEREN TONTAS

viernes, 18 de enero de 2013

Que Te Lo Firmen


Dame datos, pruebas, rúbricas, tu número identificativo como ciudadano del país al que pertenezcas, dame tu huella dactilar. Si quieres, concédeme una imagen audiovisual de lo que me estás diciendo, visitemos un notario, o dos. Puede que también me sirva tu hoja de empadronamiento o tu libro de familia, pasaporte...Lo quiero todo sellado, reúne a tres o cuatro testigos, y que sean imparciales, si no, necesitaré a otros tres o cuatro. Que te juren por personas muertas, familiares o queridas, delante de la biblia, de dios...y ni así! Ni tan siquiera grabándotelo a fuego en la piel...Porque señores: LA PALABRA NO VALE NADA

No te lo tomes como algo negativo, esta invalidez de la palabra genera muchos puestos de trabajo: abogados, procuradores, notarios, jueces...con sus respectivos oficiales, secretarias...y en definitiva y para concluir, todo un elenco de individuos que valiéndose de todo tipo de pruebas de carácter físico se dedican a gestionar la falta de palabra.

El mundo está empapelado hasta las cejas y no me extraña. Hoy por hoy hasta a algunos amigos deberíamos someterlos burocráticamente para no quedarnos atrás y a los conocidos ni qué hablar tiene.

Así es, en el siglo XXI quien tiene un contrato tiene un tesoro. Con todo y con eso, y siendo conscientes de este baño de informalidad social y más aún en un país como España, alguno se ofendería si le sacáramos un papel alzando la mirada como al que le arrancan su honor de cuajo. No le mires, no hagas caso, puro teatro.

¡Ay palabra de honor! ¡Cómo es posible añorar algo que ni siquiera acariciaste!

miércoles, 9 de enero de 2013

Cuando leo


Esa actividad que me relaja, que me da la libertad de imaginar, de dibujar mi propio paisaje. Páginas que regalan palabras que me arropan, que me hacen sentir segura, comprendida, cómplice.

Expresiones que al descubrir me alientan en su existencia, que hablan por mí y que me ayudan a comprender el mundo en el que vivo.
Combinaciones perfectas de palabras y descripciones tan precisas que te dejan ver más que mirando, esas caricias que te tocan sin contacto, malabaristas del lenguaje capaces de construir realidades que sientas más que la propia.

Ellos dicen cosas que yo no supe, me invitan en sus viajes, su sensibilidad me hace fuerte y me acompaña. Saber que alguien más escruta en cada minucia, examina miradas, desmenuza intenciones y muchas otras tantas cosas que jamás fui capaz de identificar.

Benditos escritores que me inspiran y maldita yo, que los confino al abandono en otros quehaceres que no alimentan más que el vacío.

Cuando leo soy mejor persona, mejor interlocutora, mejor pensadora...Por eso, he decidido oxigenar cada una de las páginas de esos libros olvidados, sintiéndome casi indigna de leerlos. Aquí estoy, para no marcharme.

jueves, 3 de enero de 2013

Tener Razón


La madurez de una persona aparece el día que regala su razón. Cuando ya has lidiado en tantas batallas y las cicatrices no te sirven más que para recrear el sufrimiento de aquél momento y cuantos disgustos y desgaste innecesarios a los que dedicaste tu tiempo, vemos los supuestos conflictos desde una perspectiva diferente.

Contemplar la posibilidad de rendirme en una batalla se ha convertido en un arma invencible. Soy tan fuerte que no me hace falta tu aprobación, ni argumentar, ni convencer. Tampoco me alimenta tu derrota y lo que es justo voy a sentarlo en segunda fila frente a la imposición del bienestar emocional. Necesito toda esa energía que pensaba invertir en discutir contigo para crear cosas grandes.

¿Quieres tener la razón? Tómala, te la regalo y parémonos en este punto. Ahora que hemos aclarado que la razón la tienes tú, celebro con un estrechón de manos y una sonrisa que tanto tú como yo podamos vivir en armonía y llegar a nuestro hogar sin ningún demonio a cuestas.

Antes de irme, me dio las gracias, y comprendí que ella tampoco quería tener la razón.

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