martes, 26 de marzo de 2013

La Humildad Tiene Dos Caras


Si soy honesta conmigo misma debo reconocer que sí he tenido capítulos de prepotencia a lo largo de mi vida, por lo general íntimamente vinculados a sentimientos de inferioridad, fue un mecanismo de defensa que inventé y que protegió mi dignidad durante años. Esporádicamente recurro a él, aunque ya en la treintena puedo decir que casi exclusivamente en casos de emergencia. Como dije en uno de mis tweets “ Soy prepotente solo cuando lo necesito” y creo que ahora me vais a comprender.

No debemos olvidar que existen dos tipos de prepotencia: La de pura raza, digámosle, que corresponde a personas que creen categóricamente que son lo más y de ahí no los mueves y por otro lado, tenemos la prepotencia estratégica, esa que sacas de la nada para más tarde volverte a casa pensando: “No tenía que haber dicho eso”

Ahora que ya os he puesto en antecedentes, también sería justo decir que hoy por hoy no creo que siga siendo así, de hecho, es verdad que siento una especial responsabilidad como persona del mundo de la música de estar escrupulosamente atenta para que ninguna de las cosas que haga o diga sea interpretada como un desprecio, como cuando no recuerdo la cara de alguien y cree que no le saludo aposta porque me siento de otra clase social.

Si se acerca alguien a felicitarme por mi trabajo lo escucho, le saludo sin prisa y me intereso por lo que dice, no por protocolo, sino porque realmente aprendo y me emociona que alguien sienta lo que yo escribo con la misma intensidad que yo, su testimonio es gran parte de mi recompensa.

Otros admiradores los convertí en mis amigos, o colegas, o simplemente los apoyé en sus proyectos, o tuve un buen detalle cuando pude. La verdad es mucho más fácil así y la gente te valora más...¿O no?

¿Conocéis esa expresión que se emplea mucho en el amor de que lo fácil no atrae? ¿O cuando la gente no va a conciertos gratuitos? ¿O cuando compran el artículo de la marca más cara porque piensan que es el mejor? Bien, pues he podido constatar en varias ocasiones que esta conducta es totalmente aplicable en cualquier ámbito, incluso en los que aparentemente no tiene cabida ese factor psicológico del  tira y afloja.

Estoy hablando de gente que interpreta tu atención, cortesía o amabilidad como flaqueza y aprovechan la ocasión para ofrecerse como interesantes. Ellos necesitan a esa Syla distante, segura e inaccesible, se enamoraron del personaje y ahora yo no soy quien para venir a arrebatárselo.

¿Queréis inaccesibilidad? Tengo mucha...Y la próxima vez que vengáis a tomar café no os traigáis las maletas, que no se os vaya a olvidar que la casa es mía. La humildad tiene dos caras

martes, 12 de marzo de 2013

This is Spain


Llegué al juzgado de Alicante para declarar. Me recibieron, por decir algo, en un despacho regentado por la desidia, había papeles por todas partes ordenados caóticamente. Cuando di los buenos días ni siquiera levantaron la mirada. Pregunté por un tal Javi, cincuentón que en ese momento estaba jugando con el móvil y que no dejó de hacerlo al percatarse de mi presencia, cuya mesa carecía de silla para recibir al declarante, cosa que no pareció importarle.

A los diez minutos, vencida por el dolor lumbar propio de una mujer que lucha con unos tacones de 12 centímetros, cogí una silla vacía de otra parte de la sala a modo de self-service, con la misma cara que puse la primera vez que fui al Cien Montaditos..."Se ve que esto funciona así" Y dije en voz alta: "Bueno, me autoinvito a sentarme". Fue el único momento en el que llamé su atención.

Cuando Javi terminó sus jueguecitos con el móvil le entregué mi citación y le preguntó a sus compañeras que eso qué era. Nadie sabía nada, parecían científicos locos de la justicia que estaban allí por pasar las horas. Esperé callada, de fondo escuchaba declarar a una yonky que aseguraba con tono curiosamente coherente que su hija no iba al colegio porque tenía novio. Yo dejé de pensar que estaba en un juzgado de instrucción y me sentí parte de la pesadilla de Alicia en el País de las Maravillas, y ese señor que estaba frente a mí tenía todas las papeletas de representar al gato de rayas rosas que se dirigía a mí mientras se desperezaba, seguramente para él yo era esa niña rubia ingenua que le molestaba perturbando su paz .

Al rato, casi por casualidad, encontraron el papelito que les faltaba y Javi, sin abandonar sus despreciativos párpados entornados, claro indicio de que no me sentía digna de interactuación, me tomó declaración. Con las mismas me fui, diciendo gracias y adiós, no tanto porque lo merecieran, sino por ver si se les contagiaba educación con la que recibir a los siguientes declarantes.

Solo tengo una cosa que decir respecto a todo esto: “This is Spain”

lunes, 4 de marzo de 2013

Mi Padre se Llama Papá


Hace tanto tiempo de esto que no alcanzo a recordar cuándo se inauguró la costumbre, el caso es que él se iba a trabajar y yo aguardaba en la puerta su regreso, acurrucada en el suelo llorando, presa del pánico de su ausencia. Cuando él volvía a aparecer mi felicidad pasaba de cero a cien en lo que tardan unos labios en estirarse hasta formar la sonrisa.

Por supuesto, no estoy hablando de mi padre, estoy hablando de Papá, esa persona que adora mi presencia sobre todas las cosas, el de los juegos de papiroflexia, el que me dijo que El Lobo Feroz se iba a recoger en moto a Caperucita, el que no me decía no...me decía luego, el que llenó mi mente de mundos mágicos que despertaron en mí la sensibilidad que hoy agradecen mis líneas. Papá, mi mejor amigo en la infancia, mi enemigo de la adolescencia, mi protector en la madurez, el que llora mis lágrimas con más pena que yo, centinela de mis horas de enfermedad, mi incondicional.

La imagen de mi padre ha creado en mi mente una argolla gigante de hierro por la que otros corazones bailan para después caer, ninguno tan grande como para chocar o quedar atascado. Quizá esta sociedad tan sucia se ve incapaz de fabricar caballeros. A Papá no hay que pedirle nunca nada, él se levanta a las cuatro de la mañana a recorrer todas las farmacias de la ciudad si a mi madre le duele la cabeza, supongo que eso ya no se lleva..

Papá es grande, él me enseñó a preocuparme por los demás, a compartir y a perdonar. Luego se lamenta de no poder dejarme herencia...Lo mejor que te puede regalar un padre no se consigue con papeles estampados de obras arquitectónicas.

La verdad Papá, no puedo devolverte todos los favores que me has hecho, incluso te anuncio que voy a ser injusta contigo porque conforme te vayas haciendo mayor yo volveré a hacerme pequeña, y me acurrucaré en el suelo durante horas llorando descontroladamente, presa del pánico...hasta que se abra esa puerta y que con tu sonrisa me devuelvas la mía.



Para el hombre de mi vida:
Ginés Bueno Ortiz...más conocido por Papá

Template by:

Free Blog Templates