jueves, 31 de enero de 2013

Ellos las Prefieren Tontas


Yo soy la bruja del siglo XXI, esa a la que arrojaríais a las llamas sin pestañear, esa que piensa, que alza la voz, que no teme, esa de enfrentamientos intelectuales, esa que se atreve, que toma las riendas.

Si estuviéramos en el 1400 os bastaría con acusarme de invocar al demonio para hacerme invisible. Las prácticas han cambiado, ahora solo tendréis que ridiculizar mis palabras o mis actos, poner caras raras ante mis alusiones feministas como si fuera un recurso en vez de mi identidad, o acusarme de alborotadora por denunciar vuestros actos, aunque la más común entre todas ellas es la de hacer el vacío.

Yo no quiero cantar en conciertos de mujeres que afirman en su formato el reconocimiento de una discriminación y fomentan esa exclusión que criticamos. Tampoco sería justo ni me atrevería a reclamar para hombres ni mujeres favoritismos de género, pero sí me consta que hay mujeres muy talentosas que no tienen el lugar que merecen ni en la historia pasada ni en la actualidad, que solo vienen a la memoria cuando pensáis en la segunda división, que no están presentes de manera constante y cada vez que les prestan atención tiene más pinta el acto en sí mismo de labor humanitaria que de una igualdad afincada en los hábitos sociales. Y yo me pregunto...¿Tienen miedo de algo?

Quizá sería más feliz preocupándome de estar guapa, no llevar mucho la contraria y afianzando mi simpatía en la comunidad con flirteos solapados que aunque jamás se materialicen ayudan a saciar ese reclamo primitivo del hombre de rodearse de mujeres atractivas, evocando la figura del macho español del que todos públicamente huyen, pero que habita ineludiblemente en el fuero interno de estos almacenistas de testosterona.

Sí, creo que eso es lo que les gusta, las chicas que aplauden, no las que son aplaudidas, las admiradoras, no las que son admiradas, las que lloran y esperan, no las que se rebelan y luchan.

Lo siento, pero yo no soy una sombra, voy a aporrear la puerta, perdón, voy a derribar la puerta, a deslumbraros, a agotaros, aunque cerréis los ojos, estaré ahí molestando, probablemente loca, ignorada y sola porque lamentablemente...ELLOS LAS PREFIEREN TONTAS

viernes, 18 de enero de 2013

Que Te Lo Firmen


Dame datos, pruebas, rúbricas, tu número identificativo como ciudadano del país al que pertenezcas, dame tu huella dactilar. Si quieres, concédeme una imagen audiovisual de lo que me estás diciendo, visitemos un notario, o dos. Puede que también me sirva tu hoja de empadronamiento o tu libro de familia, pasaporte...Lo quiero todo sellado, reúne a tres o cuatro testigos, y que sean imparciales, si no, necesitaré a otros tres o cuatro. Que te juren por personas muertas, familiares o queridas, delante de la biblia, de dios...y ni así! Ni tan siquiera grabándotelo a fuego en la piel...Porque señores: LA PALABRA NO VALE NADA

No te lo tomes como algo negativo, esta invalidez de la palabra genera muchos puestos de trabajo: abogados, procuradores, notarios, jueces...con sus respectivos oficiales, secretarias...y en definitiva y para concluir, todo un elenco de individuos que valiéndose de todo tipo de pruebas de carácter físico se dedican a gestionar la falta de palabra.

El mundo está empapelado hasta las cejas y no me extraña. Hoy por hoy hasta a algunos amigos deberíamos someterlos burocráticamente para no quedarnos atrás y a los conocidos ni qué hablar tiene.

Así es, en el siglo XXI quien tiene un contrato tiene un tesoro. Con todo y con eso, y siendo conscientes de este baño de informalidad social y más aún en un país como España, alguno se ofendería si le sacáramos un papel alzando la mirada como al que le arrancan su honor de cuajo. No le mires, no hagas caso, puro teatro.

¡Ay palabra de honor! ¡Cómo es posible añorar algo que ni siquiera acariciaste!

miércoles, 9 de enero de 2013

Cuando leo


Esa actividad que me relaja, que me da la libertad de imaginar, de dibujar mi propio paisaje. Páginas que regalan palabras que me arropan, que me hacen sentir segura, comprendida, cómplice.

Expresiones que al descubrir me alientan en su existencia, que hablan por mí y que me ayudan a comprender el mundo en el que vivo.
Combinaciones perfectas de palabras y descripciones tan precisas que te dejan ver más que mirando, esas caricias que te tocan sin contacto, malabaristas del lenguaje capaces de construir realidades que sientas más que la propia.

Ellos dicen cosas que yo no supe, me invitan en sus viajes, su sensibilidad me hace fuerte y me acompaña. Saber que alguien más escruta en cada minucia, examina miradas, desmenuza intenciones y muchas otras tantas cosas que jamás fui capaz de identificar.

Benditos escritores que me inspiran y maldita yo, que los confino al abandono en otros quehaceres que no alimentan más que el vacío.

Cuando leo soy mejor persona, mejor interlocutora, mejor pensadora...Por eso, he decidido oxigenar cada una de las páginas de esos libros olvidados, sintiéndome casi indigna de leerlos. Aquí estoy, para no marcharme.

jueves, 3 de enero de 2013

Tener Razón


La madurez de una persona aparece el día que regala su razón. Cuando ya has lidiado en tantas batallas y las cicatrices no te sirven más que para recrear el sufrimiento de aquél momento y cuantos disgustos y desgaste innecesarios a los que dedicaste tu tiempo, vemos los supuestos conflictos desde una perspectiva diferente.

Contemplar la posibilidad de rendirme en una batalla se ha convertido en un arma invencible. Soy tan fuerte que no me hace falta tu aprobación, ni argumentar, ni convencer. Tampoco me alimenta tu derrota y lo que es justo voy a sentarlo en segunda fila frente a la imposición del bienestar emocional. Necesito toda esa energía que pensaba invertir en discutir contigo para crear cosas grandes.

¿Quieres tener la razón? Tómala, te la regalo y parémonos en este punto. Ahora que hemos aclarado que la razón la tienes tú, celebro con un estrechón de manos y una sonrisa que tanto tú como yo podamos vivir en armonía y llegar a nuestro hogar sin ningún demonio a cuestas.

Antes de irme, me dio las gracias, y comprendí que ella tampoco quería tener la razón.

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