jueves, 14 de febrero de 2013

¿Amor? Eso Era Antes


Os contaré algo que me ocurrió hace un par de años en una terraza de un café en el romántico casco antiguo de Alicante, y no es que pasara algo en cuestión, si alguien se detuviera a analizar la simpleza de lo acontecido podría acusarme de fantasiosa, yo misma me asombro de lo que da de sí una mirada escrutadora acompañada de una extrema susceptibilidad.

Se apagaba el día en la concurrida plaza de San Cristóbal, bajo la lona de una gran sombrilla blanca, en una mesita de madera, ingerían mis amigas alborotadas su habitual jugo de cebada. Yo llegué más tarde, no pude o no quise unirme a la conversación, me bastaba estar allí mirando al vacío y recibiendo sus parloteos como rumor de mar que me hacía sentir en familia.

A lo lejos presentí dos figuras humanas que se acercaban lentamente y no aparté la mirada hasta tenerlos más o menos a media distancia. Eran dos ancianos, seguro ya habían llegado a los noventa años. Él era delgado, llevaba pantalones de pinza y una boina, andaba con dificultad y sus temblores no eran disimulables. Ella, más gordita, vestía blusa y una falda gris a la altura de las rodillas que dejaba al descubierto el encaje de unas medias tupidas color chocolate, que a su vez tapaban sin éxito extrañas protuberancias en los tobillos, seguramente las causantes de su cojera.

Si alguien aparte de mí hubiera puesto la mirada sobre ellos durante un par de segundos lo primero que le hubiera llamado la atención es el hecho de que dos personas tan mayores se atrevieran a pasear solas en esas evidentes malas condiciones de salud. Para mí, eso pasó directamente a segundo plano cuando al bajar la mirada descubrí una imagen conmovedora: Estaban cogidos de la mano, sus dedos perfectamente entrelazados con la fuerza de un amor recién nacido. Él la ayudaba en sus pasos con gesto amable para no hacerla sentir torpe, ella respondía con mirada agradecida.

Allí estaban ellos dos, paseando su amor, orgullosos el uno del otro, compañeros de vida con una historia en común llena de luchas, caricias y casi un siglo de amaneceres. No hablaban porque  no lo necesitaban, guardaban ese silencio tan profundo que solo significa que ya lo tienes todo dicho.

Y allí pasaron la tarde mirando la plaza llenos de melancolía, dejando pasar el tiempo, aguardando a perderse el uno al otro o el otro al uno. Dos lágrimas recorrieron mi rostro y entonces supe que jamás había visto el amor tan de cerca.

2 comentarios:

Brastuk dijo...

Gran verdad! Espero que la mayoria de nosotros lleguemos algun dia a vivir eso..Buena entrada y más en este día! :)

Siberia dijo...

Yo vi un amor así. El tenía 82 años y ella 79. Ella ya estaba enferma de alzheimer y aun así, los dos juntos, manos unidas, caricias creyendose solos mientras yo los miraba desde atrás. También se me nublaron los ojos. Poco después les hice un poema sobre ese amor que no creo que ella con su alzheimer comprendiera. Él sí y casi se ruborizó al leer. Eran mis padres.

Gracias Syla por recordarmelos hoy. Ese es el recuerdo que de ellos quiero que en mí quede.

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