miércoles, 15 de noviembre de 2017

¿Somos las mujeres crueles entre nosotras?

Partiendo de la base de que no existen verdades absolutas ni soluciones cerradas, la crueldad entre mujeres ha sido considerada como un axioma social digno de debate para las perjudicadas en primera instancia, nosotras.

Algunas mujeres que se dedicaron a investigar sobre esta problemática social se chocaron de frente con afirmaciones popularmente aceptadas que atendían a premisas machistas. Como por ejemplo, en una reunión de hombres se conversa, mientras que las mujeres chusmean o traman maldades, y que la amistad entre mujeres es cosa de solteronas o de viejas

Volvamos a la pregunta inicial ¿Somos las mujeres crueles entre nosotras? Suponiendo que así sea…¿Cuál es el origen?

Considerando los resultados de estas investigaciones, se concluye que si hay un enfrentamiento entre mujeres, este no se daría porque la naturaleza así lo haya decidido, sino que los hombres, cuando pactaron hace miles de años, determinaron su situación de poder, en el que la mujer quedaba relegada a rivalizar para alcanzar el estatus, el reconocimiento que solo le podía ser otorgado a través del hombre
De esta manera, estábamos abocadas a competir entre nosotras para ser “la elegida”, y este enfrentamiento ha sido repetido y perpetuado a lo largo de milenios.

Virginia Wolf también, hace alusión a esta rivalidad histórica en su teoría del espejo que expone que las mujeres al mirar al hombre en un espejo lo agrandamos, y tendemos a empequeñecer a la mujer. De esta propuesta podríamos proyectar con facilidad hacia situaciones laborales cotidianas. En los mejores restaurantes los camareros y los chefs son hombres, las peluquerías de más prestigio las encontraremos bajo un nombre masculino o incluso los diseñadores más populares. Es decir, hasta en actividades atribuidas a la mujer por el patriarcado, no son las mujeres los mayores exponentes, y peor aún, las principales consumidoras de estos servicios aceptamos y asimilamos esta posición de superioridad del hombre en cualquier ámbito.

Sin embargo, solucionado el misterio y dándonos cuenta de que somos víctimas de una herencia cultural que nos oprime y que hemos llegado a interiorizar de manera inconsciente, debemos tener presente que la mujer actual mira el mundo desde el exterior, ya no depende del hombre, encuentra el éxito de manera individual y este comportamiento competitivo ya no tiene cabida en tiempos modernos. Ya no somos de los demás, somos de nosotras mismas

Abogando por un cambio de mirada y por la necesidad primordial de conciencia de género es hora de sustituir la rivalidad por la complicidad, el recelo por la solidaridad entre nosotras. Debemos rebelarnos ante esa actitud retrógrada que nos contamina, dejar de medirnos, de devaluarnos y alcanzar de una vez por todas esa situación de hermandad que la historia nos robó. Enfrentémonos a nuestra genealogía de una vez por todas y luchemos por nosotras, por la visibilidad de la mujer, por una sociedad próspera, y sobre todo, porque nos lo debemos



1 comentarios:

Consol Agulló dijo...

Nos falta ese paso. Nos falta ver que para ser iguales a los hombres debemos empezar por no empequeñecer a las demás mujeres.
Y tienes toda la razón, nos lo debemos a nosotras mismas.
Me ha encantado leerte de nuevo

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