martes, 20 de noviembre de 2012

Para Volver A Llorar


Eran las doce de la noche, había dormido una hora en dos días. Me recosté en la cama lenta y cuidadosamente convencida de que mi cuerpo se volvió cristal. Tuve la suerte de dormirme al instante. El reto era mantenerme inconsciente hasta que sonara la alarma que anuncia ocupaciones.

 Tres horas después, como si de un bote de ketchup se tratara, la tristeza aplastó mi cuerpo para que vomitara el llanto. Abandonada en la oscuridad, ni siquiera la fuerza en mi sollozo me distrajo de mis reflexiones y recreé en mi mente lo inevitable. Sólo soy un número, alguien totalmente reemplazable, ahí estuve yo, pero podría estar otra, como otros estarán, porque las personas no buscan personas, buscan personas que les proporcionen cosas y ese día que dejes de ser el medio para su fin volverán la cabeza a ese trozo de carne con ojos en el que te convertiste una mañana.

Y yo, que siempre creí en creer, que soñaba con pasiones, con amores locos que te persiguen, con amistades inquebrantables, con cosas que no terminan, excelencia. Todo eso se acabó, solo soy una cifra en movimiento que activa el mundo, este mundo loco que gira incesablemente, quizá por aburrimiento.

Sonó el despertador. Ducharse, vestirse, trabajar, poner buena cara, comer, quedar, brindar, jiji, jaja, pero nada es verdadero, cuando acabe el último acto volveré a esa casa, cruzaré ese pasillo, giraré ese pomo y temblaré ante lo ineludible. Lenta y cuidadosamente, volveré a ser cristal, dormiré y me despertaré para volver a llorar.

3 comentarios:

LoCuRa TerMiNaL dijo...

cuanta verdad coloreada con hermosa poesía!
saludos desde Uruguay!

Siberia dijo...

Esa realidad aplastante que relatas me parece un espejo. Y no sé que decir porque nada se le dice a tu reflejo.

Excelente amiga. No dejes de escribir. Te extrañaría demasiado.

CARICO dijo...

me encanta!!!

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