viernes, 7 de diciembre de 2012

La Playa

Pocos placeres existen ya que no engorden o cuesten dinero. Ayer fue festivo, día de la constitución (y perdonad que lo ponga en minúsculas). Mi compañera de piso y yo tuvimos la maravillosa idea de ir a la playa.

No me imagino viviendo en ningún lugar que no tenga costa. Para mí un lugar sin playa generaría la misma sensación que un asmático que saliera a la calle sin su inhalador.

Adoro su imagen desde lejos, el contraste marrón y azul activa mis emociones, me ilusiona con la misma intensidad que cuando tenía cinco años. Realmente creo que es eso mismo lo que me engancha, sentada en la orilla, mientras la brisa me acaricia la melena y golpea mi tez oxigenando cada poro de mi piel siento como si nada hubiera ocurrido en estos últimos veinticinco años, seguimos siendo la misma naturaleza: yo chapoteando con los pies y ella con su vaivén y la intriga de cuánta porción de arena envolverá con la siguiente ola.

Ella siempre generosa nos regala piedras de colores, conchas y caracolas. Nos deja escribir y dibujar sobre ella...¿Acaso existe manera más romántica de manifiesto que una declaración de amor sobre la arena? Arena blanca alicantina que oscurece en lo profundo, esa arena tan divertida en la que todos hicimos hoyos, castillos y otras figuras, arena que nos hunde las pisadas quizá para sentirnos.

La playa invita al romanticismo, a soñar, nos purga de odios, nos alegra la soledad, nos inspira, rejuvenece, nos cura las heridas, nos tranquiliza...Sin embargo, a alguno le parecerá que estoy exagerando, seguramente por esa fea manía que tenemos los humanos de robarle el encanto a las cosas que nos acostumbramos a ver.

Por eso  le doy las gracias, por animarme a volver a empezar cada vez que nos vemos. Y así, exenta de rencores, volví a casa y hoy me he visto en la obligación de proponeros mi terapia. Antes de ir al médico, antes de estresaros, llorar o gritar concededle una cita y no os esperéis a que llegue el verano, porque como dice una escritora alicantina y buena amiga mía: " No hay mayor armonía que el agradable tacto del sol cuando hace frío"


2 comentarios:

Shady Nicolás Misaghi dijo...

:)

Siberia dijo...

En esta entrada maravillosa me recreo y pienso en esa playa que no visito desde hace tanto tiempo ya. Quizás sea hora de que yo también baje a dejarme abrazar por la playa.

Gracias como siempre por tu blog

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