lunes, 10 de septiembre de 2012

¿A qué saben los sentimientos?


Yo soy marioneta de Dios, también podrías llamarme persona. Yo, como tú, parto de materia orgánica susceptible a la existencia. Mi cuenta kilómetros también estuvo a cero. Yo nací pura, pasajera de esa montaña rusa en la que me embarcaron, en la que ya tenía un asiento asignado que no me dejaron elegir.

Para que yo me llame Sheila Bueno García, para que tú leas esto que previamente escribí, para que yo agrupe estas palabras que representan ideas, conceptos y sentimientos, para que yo sea capaz de sentir, antes pasó algo.

Como te decía, yo nací pura, yo era tú justo al nacer, antes de que lo que me rodea se apoderara de mí. Quizá, si yo supiera quien eres tú, te envidiaría, maldeciría mi suerte o tal vez tú, sabiendo quien soy yo envidies mi más preciado bien, pero para que tú puedas leer estas líneas, para que yo baile con tus emociones, domine cada estímulo, encuentre la palabra, el momento, la manera de hacerte sentir, antes de todo eso, pasó algo.

Nosotros podríamos haber sido otro, y si eso no se puede, y tienen razón todos esos fanáticos y existe un ser superior todopoderoso benévolo, debería permitirnos ser otro, aunque solo fuera un ratito. Seguramente, solo así, dejaríamos de señalarnos unos a otros, de acusarnos, de agruparnos, de marginar todo lo que es distinto, de no conocer la compasión y muchos otros sentimientos que creo que toda persona debería experimentar, aunque sea, en calidad de turista.

Imaginaos al mismísimo presidente de los EEUU veinte minutos en La Franja de Gaza, a un ministro de señora de la limpieza, a la Duquesa de Alba en Kenia comiendo arroz hervido en una vasija sucia, sin más pertenencias que una blusa raída, a los acompañados solos, los ricos pobres, flacos gordos, sanos enfermos, guapos feos, a los sabios ignorantes...Todos ellos nacieron puros, como tú, y como yo. Todos merecían las mismas oportunidades, todos podrían haber sido otro al otro lado del mundo.

En algunos momentos puntuales de mi vida me sentí frustrada por no ser otras personas...¿Por qué ellos sí?¿Por qué yo no? Y en medio de toda esa injusticia, perdida entre las sombras de los sinos e infortunios se esclarecieron mis dudas. Porque para que tú leas estas líneas tuve que gritar, llorar, sentir miedo, mi corazón tuvo que latir más rápido. Porque la frustración me dio la fuerza para luchar contra eso que se supone que debería ser. Si la vida no me dio la oportunidad, me la voy a dar yo, porque para que yo llegue hasta ti, mucho antes de eso, pasó algo.

Porque...solo los que conocemos el dolor podemos describir con precisión a qué saben los sentimientos. Esta empatía que me castiga, estos pensamientos siniestros que me persiguen, esta irascibilidad que me aleja, esta persona en la que me he convertido que quizá algunos no toleren o rechacen, estos picos, exaltaciones, histerias, esta feria de emociones descontrolada que se apodera de mí, este viento de pasión loca que me condena al naufragio, que me olvida y quedo sola, vencida, abandonada al miedo...

Para que yo me llame Sheila Bueno García, para que tú puedas leer estas líneas, tengo que ser todo eso. La Tinta Llora, y solo entonces, cuando escribo textos como este, me alegro de mi desdicha.

4 comentarios:

los locos también piensan dijo...

Grande Syla ¡¡¡ genial la entrada; ánimo y a seguir dándole duro como hasta ahora :D

techyfú dijo...

Me alegro de mi desdicha*

que buen final elegiste hermana
un abrazo grande
respect.

Siberia dijo...

Estremece palabra a palabra hasta que un final quizás triste devuelve la esperanza.

Excelente entrada: debo seguir leyendo.

Unknown dijo...

Muy Sheila! Me ha encantado; como juegas con las palabras, dándoles movimiento, haciendo que te atrapen y te deleites en su forma y contenido, es espectacular, toda mi admiración.

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